Existe
una creencia errónea acerca de él y es la de que para
cambiar es indispensable sufrir, llegar al fondo y además que
el cambio produce dolor. Como toda generalización tiene su parte
de verdad y de mentira, ya que el cambio puede ser visto de dos maneras,
como una amenaza o una oportunidad. Si bien cambiar implica dejar cosas,
sentimientos, personas, etc. atrás, por otras nuevas que apenas
conocemos, esto no significa que tengamos que sufrir.
Cuando el cambio se ve como una amenaza es ahí dónde aparece
el sufrimiento, ya que nos aferramos a lo que vamos a perder o dejar
en el pasado, dejamos un espacio seguro, cómodo para aventurarnos
o ser lanzados a lo desconocido; ahora bien es lógico que suframos
si nos oponemos a lo inevitable. Esta es la actitud que conduce a una
depresión segura, al resentimiento y a la frustración.
La personas con esta actitud son víctimas del cambio.
Cuando el cambio es visto como una oportunidad la persona no teme dejar
o perder su zona cómoda sino que cree que lo que trae el cambio
es mejor que lo que tiene en su zona cómoda. Todo esto es cuestión
de cómo significamos el cambio.
Tomemos el ejemplo de 2 hermanos gemelos que viven una misma situación,
sabemos que ambos traen casi la misma biología, casi la misma
educación; sin embargo ante una situación de cambio es
probable que reaccionen distinto, esto no solo quiere decir que no hay
dos personas iguales sino también que los hechos, circunstancias,
problemas son los mismos y lo que cambia es la forma de vivenciarlos,
la forma en que se los percibe. Esto se refiere a que cada persona tiene
una forma única de ver la realidad y por ende de vivenciarla;
si esto lo trasladamos a los problemas de nuestra vida podemos decir
que no hay problemas sino forma de vivenciar y enfrentar situaciones
para las cuales tenemos una respuesta que nos lleva a un resultado no
satisfactorio.
Es importante tener en cuenta que esto se relaciona con las cosas que
hemos aprendido y vivido a lo largo de nuestra existencia, las cuales
nos dieron información sobre como enfrentar situaciones y resolverlas.
Cuando nos encontramos con una situación a la que respondemos
de la manera en que conocemos y esta respuesta nos traer un resultado
que es vivenciado como displacentero entonces nos encontramos con lo
que llamamos un problema. También hay que agregar que como no
conocemos otra respuesta, intentamos una y otra vez de lograr un resultado
satisfactorio con la misma respuesta que nos trajo la primera insatisfacción
y así nos encontramos repitiendo situaciones y conductas que
nos llevan a un círculo vicioso del cual no encontramos la salida.
Hoy en día existen técnicas muy eficaces que se aplican
para producir cambios de vivencias y dar nuevas opciones de respuesta
frente a situaciones displacenteras.
Para comprender un poco esta forma de ver al ser humano, es necesario
saber que cada persona tiene en su interior todos los recursos para
poder resolver situaciones displacenteras, es como si en nuestro interior
tuviéramos un gran cofre con una cantidad inmensa de riquezas
que aún no hemos descubierto o bien tenemos virtudes que aplicamos
para determinadas situaciones sin darnos cuenta que pueden servirnos
para otras que nos resultan displacenteras y para las cuales conocemos
una única respuesta que no da el resultado esperado.
Es importante mencionar que este cofre es nuestro inconsciente, el cual
tiene toda la información que necesitamos y nuestra tarea es
hacer que ustedes descubran ese tesoro interior y lo que son capaces
de hacer.
Antes mencioné las dos maneras de enfrentar el cambio, y les
diré que esta es la diferencia entre un ganador y un perdedor.
El perdedor frente al cambio intenta una vez adaptarse y como le cuesta
se da por vencido porque piensa que no va a poder y que es mejor quedarse
como está a cambiar por algo desconocido y amenazante, o sea
pierde una vez; el ganador en cambio prueba de una manera determinada
y si no funciona prueba inmediatamente de otra, el ganador no pierde
una vez, pierde cientos de veces hasta que consigue adaptarse.
La capacidad de cambio se relaciona íntimamente con la autoestima,
ya que el pensar en un futuro amenazante y la consiguiente sensación
de parálisis, nos muestra la imagen de como se siente la persona,
con sentimientos de minusvalía, de temor, de no ser capaz, etc.
En cambio la persona que ve una oportunidad en el cambio, enfrenta a
este con la sensación de que es posible adaptarse, modificar
conductas, en resumen tiene la suficiente confianza y amor hacia sí
mismo como para ver el cambio como algo positivo. Cuando hablo de autoestima,
me refiero a qué grado de eficacia creemos que tenemos en la
vida, a la capacidad de amor y cuidado hacia sí mismo, me refiero
también al considerarse a sí mismo como su mejor amigo
o su peor enemigo.
Todo esto nos lleva al comienzo, el cambio y el dolor. Si una persona
tiene expectativa de fracaso frente al cambio es obvio que va a sufrir
con él, si lo ve como algo amenazante va a sufrir con el cambio;
ahora es importante decir que el cambio es inevitable y si uno se resiste
entonces aparece el sufrimiento y lo único que se logra es retrasarlo
pero no evitarlo.
Muchos se preguntar o se dirán a sí mismos que no pueden
cambiar, que uno ya nace así. El pensar así implica no
tener en cuenta que el cambio es permanente y que hay numerosas experiencias
de cambios de vida de gran magnitud.
En mi práctica profesional he visto cambios asombrosos y cambios
pequeños que llevaron a un gran cambio en poco tiempo y en ninguno
de estos procesos he visto dolor, al contrario vi alivio y desahogo.
Por supuesto todos estos casos tenían la voluntad de cambio,
el deseo de cambio, solo que no sabían como hacerlo.
Por esto mismo creo que para enfrentar el cambio hay que preguntarse
cómo y no por qué me pasa esto.
Información
de contacto
ESCUELA
PARA EL DESARROLLO DE LA AUTOESTIMA
Director
Lic.
Claudio A. Alonso Moÿ
Psicólogo Clínico y Laboral